lunes, 22 de septiembre de 2014

Mónica Tracey


Tríada poesía, septiembre de 2006




Bitácora

 

Mi nombre completo es Mónica Beatriz Tracey. Nací en Junín, provincia de Buenos Aires, el 18 de mayo de 1953. De ahí que soy taurina. Bastante taurina. Allí, en Junín, pasé mi primera infancia, de allí es el baile, el piano, las primeras armonías que más tarde se harían palabras. También de allí son los colores de la primera mirada, la más íntima, y seguramente el tono de todo lo que vino.
Las otras infancias transcurrieron en un deambular con un centro más fijo en Buenos Aires, donde vivo, ahora en Caballito, con mis dos hijas, Agustina y Laura, y nuestra perra, Morgana.
La escritura estuvo siempre pero comenzó a tomar forma más tarde. Tenía alrededor de veinte años cuando con un grupo de poetas que nos habíamos conocido en un taller de la SADE recurrimos a quien había sido mi profesor de literatura en la Escuela de Periodismo, para formar un taller. Mario Morales, cuando todavía era mi profesor de literatura, fue quien  abrió para mí el mundo de la poesía. Aún recuerdo el impacto que sentí cuando leí por primera vez el poema Zona de Apollinaire y a T.S.Eliot. Del taller que finalmente hicimos con él surgió mi grupo de pertenencia con el que más tarde haríamos la revista Ultimo Reino.  Víctor Redondo, Horacio Zabaljauregui, Susana Villalba y Patricio Roig fueron compañeros de la poesía y de casi toda la vida.  Hubo otros que se fueron alejando y algunos, como Jorge Zunino y María Julia de Ruschi Crespo, que ya estaban con Morales cuando nosotros llegamos, que se unieron a nuestro grupo inicial y quedaron con nosotros. Después, muchos cercanos, necesarios, que fueron creando otro grupo de pertenencia. Jorge García Sabal, Liliana Ponce, María del Carmen Colombo, Dolores Etchecopar y Pablo Narral, entre los más íntimos. 
Comencé a escribir los poemas del primer libro en aquel taller. En el ´78 fui a vivir a Caracas, Venezuela. Mandé esos poemas a un concurso del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos y gané una beca para participar de un taller de poesía durante un año en ese centro. También participé en el grupo de poesía que se reunía en la casa de la escritora venezolana Antonia Palacios. Fueron compañeros de ese tiempo Blanca Strepponi, Armando Rojas Guardia y Alberto y Miguel Márquez, entre muchos otros. De los dos años que viví en Venezuela, Julio Miranda fue uno de los poetas amigos que quedaron para siempre. Finalmente ese primer libro lo terminé allí pero lo publiqué de regreso en Buenos Aires en Último Reino en 1981. Se llamó “A pesar de los dioses”.  Luego vendrían “Celebración errante”, en 1987; “Hablar de lo que se ama”, en 1990, que se publicó con un subsidio de la Fundación Antorchas, y “Hablo en Lenguas”, en 1999.  Todos en Último Reino.






Poesía 




La poesía abrió en mí otra mirada, otra comprensión del mundo. Y otro mundo, en el que cambian las leyes y hay que desaprenderlo todo, especialmente, la lengua.

Lo primero que sentí frente a la poesía fue deslumbramiento y el doloroso impacto de no entender, de estar inerme. ¿Qué decía ese lenguaje donde una cosa y la contraria no se oponen? Desandar el camino, vaciar las palabras y la escena, desnudarse, confundirse.
La poesía se escribe pero no es una forma literaria. Es un modo de comprender el mundo, de estar en el mundo. Su intensidad nos hace otros, nos cambia para siempre. Y aunque se dice con palabras, no está llamada a ser comprendida con el entendimiento.  Impacta en un lugar que antes de ella no sabíamos que estaba en nosotros.




Poemas de Mónica Tracey


Del libro "Celebración errante", 1987:


El sí con el sí se aniquila.
Cuál es la carta que permanecerá intacta.
¿Será el ahorcado,
el jamás visto?
Dónde el centro de tanta ronda.

Es glacial el paisaje de estas islas.

La costa es una línea melancólica
frente al movimiento.



Tres veces ha cantado el ave de la mañana
la palabra fue creada para pedir alimento y
habitación
la noche sembrada de fúnebres sirenas inclina
 
la cabeza.
Mal uso hago y sin embargo todo lo que pido es
 
casa y comida.
El cementerio protestante tenía la puerta
un poco abierta
un poco cerrada.
Sólo un gato se atrevía a reposar al sol de esa
hoja abierta.
Desde aquí aún veo el camino de salida
y la espalda del ángel
y el epitafio:
“Nada de él desaparece
pero sufre un cambio ante los ojos
hacia algo rico y extraño”.
Tres veces he negado y otras tantas
he negado lo negado.
Aún no amanece.



Del libro “Hablar de lo que se ama”, 1990:


Wuppertal
ábrete sésamo
vuela en un barco tirado
por sogas
a volar a despilfarrar el dinero
mal habido de pequeños robos
bien habido de pequeños negocios
de venta de molinillos de papel
en la estación.
¿Quién conoce el lugar
donde los barcos caen?
las bellas fragatas
¿quién sabe hacia dónde partieron?
Más acá
quien espera no espera
corta el espacio en dos
el horizonte
tan cercano
como la niña de sus ojos
párpados de sal
¿de seda?
Párpados que lo han guardado todo.
Mis labrados guantes a cubierto del crimen.





Baila bailarina para mi festival
para eso fueron hechos tus pies
ven y baila ahora
decía el cura para recaudar fondos
y yo corría por la plaza
de las naranjas amargas a buscar
zapatillas de punta y un vestido
de tul y bailaba en la feria.
Tarde y mareada, aún pequeña,
supe que el pueblo entero me buscaba.





Sola el Danubio Azul
en el Club Social
mi vestido de tul celeste
saliendo del escenario
para buscar espacio
ocho compases la entrada
los brazos sobre todo los brazos
en arco hacia arriba como ramos.




Algo, como quien cura
o hace que cura.
Áridas tierras ahogadas
siempre una vez más arrasando
con lo que queda y aun así
a la espera un orden
para despedazar silenciando.
Enseguida recuerdo a la vieja bailarina:
“arcos, cintas y cordeles
sólo con tu cuerpo”.




De las cintas de los pies
al color de los ojos
atributos
de la seda del vientre
a la respiración
extravagante
el cuerpo
no se mira
no se escucha
no se sabe vivir
desperdiga
cada noche
 
sus ropas
su desnudez.




Del libro “Hablo en lenguas”, 1999



Los amores


Tal para cual
 
el agua y el aceite
el punto de contacto
hace una cosa o la otra
dice una cosa o la otra
o lo que es lo mismo
hay un momento
una fisura
una llaga
lo que es tal para cual.




Hiroshima mon amour


La música no ha cesado
à Nevers
el amor ha cesado
à Nevers
el olvido no cesa

No escribo poemas políticos

sólo
 
muestro
fotografías

No escribo poemas de amor

sólo
la mirada
de los ojos
a la boca
ida y vuelta
el deseo

No he visto nada

He estado allí

À Hiroshima

He olvidado

No he estado allí

À Hiroshima

No estuve allí

Olvido

No cesa

À Hiroshima



El amor

Vaciada de mí
soy yo

Vaciada de vos
soy una sombra
más clara
más oscura
según la tempestad.



Hablo en lenguas

Hablo en lenguas
sin pelos
con las señas de un rostro que se oculta
detrás del rostro
que aparece entre las señas.
La misma noche
 
nada dice nada de nada
una culebra
dos
 
más
todas
en el mismo balde.
El centro de la caracola
 
dispara su espiral
la extingue.
El cuerpo
en mi rostro
aparece tu rostro
la piedra de toque
imposible la simetría
impensable de ser y no ser
la mano oprime su versión helada.
Eco de una lengua
en otra lengua
que se mueve
como culebra
en balde.




La repetición


Hay una idea
en la repetición
tal vez por eso

Hay algo
una idea tal vez
en la repetición
por eso

En la repetición
 
hay tal vez
una idea

por eso

Un hombre cae
dos veces
en la misma tristeza

Por eso

hay tal vez
en la repetición
una idea.



Poemas de "
Sobre la espalda del cielo"


Imposible
mirarse a los ojos
es otra la que mira
otra la que empaña el cristal
otra descubre el color miel
los ojos desconcertados
eran verdes dice
dónde estoy tan triste por qué
llené la casa de jazmines
llené de perfumes la casa
me aislé en el corazón de la mirada
en el corazón perdida me asilé
presa del perfume caída
dónde estoy tan triste por qué.


Mirar hacia adentro
espesar la mirada
hasta que duela el ojo
y lo que ve
arder verse arder
palparse ardiendo.



Camina corre sobre el escenario
baila
como si no moviera
más que el aire
como si estuviera quieta
como si la quietud fuera el esfuerzo
y bailar
una dulce dejadez.



Escribo con el cuerpo
con el dolor en mi espalda
herida
con la piel suave
y lo que siento
para bien y para mal
atravesada de nostalgia y miedo
cuando digo soledad
no hablo sólo por mis ojos
siento en un agua
que toca el mundo
y no calma la sed
nada hay de privado
en mis palabras
se ha pegado a mi espalda
otra espalda
de una herida a otra herida
comprende el alma
es de ese cuerpo
de esa sangre seca
que hablo.



Estamos hechos también de lo que nos falta
de esas formas sin forma
que anidan en el fondo de los ojos
hay una que es como yo pero no es
que le da peso a mi alma
huesos, manos, pasos, pies
de aire
extraña densidad
esa que me acompaña.

Tríada poesía, septiembre de 2006

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